Relaciones institucionales de la HermandadRELACIONES INSTITUCIONALES

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Las primeras ordenaciones localizadas de la Ilustre Archicofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo son anteriores a 1536. En ellas se establecen como fundadores: Isabel de Josa, abadesa del Monasterio del Pie de la Cruz de Barcelona, Enric de Centelles, Caballero de la Orden de Santiago, Gaspar Garró, natural de Valencia y habitante en Barcelona, y Benet Montagut, ciudadano de Barcelona. Con consentimiento de Juan de Cardona; obispo de Barcelona entre 1531 y 1536. Por tanto, estas fechas son las que nos datan, en términos ante/post quem, la fundación de la cofradía. La fundadora Isabel de Orrit o de Josa, fue una dama erudita emparentada con el Cardona por su boda con Guillem Ramon de Josa y de Cardona en 1509. Poco tiempo después, en 1517 enviudó quedando a cargo de los tres hijos del matrimonio. Isabel poseía, aparte de su erudición, una intensa espiritualidad cristiana que la orientó a realizar diversas fundaciones como la llamada comunidad del Pie de la Cruz y la propia fundación de la Cofradía de la Sangre. Junto con Isabel Rodès y Estefanía de Requesens formó parte del grupo de damas catalanas que acogieron a Ignacio de Loyola en sus estancias en Barcelona y participó en el frustrado proyecto de crear la rama femenina de la Compañía de Jesús. Desplazada a Italia en 1543 para seguir a San Ignacio, moría en Vercelli, en el Piamonte, en 1564 después de fundar en este lugar diversas instituciones caritativas. En las primeras ordenaciones de la Archicofradía ya se mencionan tres imágenes del Santo Cristo: la pequeña, la mediana y la grande “Sant Cristo Gros". Pero, la más conocida, es la que esculpió Jeroni Xanxo hacia 1545. En 1547 la Archicofradía se instala en la iglesia del Pi, con una concordia entre el párroco y los prohombres de la archicofradia. Se establecen en la sala del Capítulo, que acuerdan ampliar. Al año siguiente, mediante un privilegio se unifican las Cofradías de la Sangre y del Cuerpo de Cristo que convivían en el Pi. En 1561, por unas disputas con el Pi, la Archicofradía traslada su sede al convento de los Framenors dejando la casa o “palacio” de la Sangre –situada actualmente en la Plaza del Pi nº1– alejada de su capilla. Esta casa fue donada a la Archicofradía por Pedro de Cardona y Requesens, que había sido Gobernador de Barcelona. El día de St. Andrés de 1572 los cofrades de la Sangre retornaron al Pi y decidieron arreglar la Casa de la Sangre, aunque las obras no se llevaron a cabo hasta el año 1589. Los años van pasando, con mayor o menor normalidad –con reformas en el altar, intentos fallidos de comprar propiedades colindantes a la casa de la cofradía y sucesiones de los prohombres y mayorales, En 1601 se hace una concordia con la comunidad de presbíteros y la obra del Pi para asistir a los actos de la Semana Santa del Pi y organizar la Procesión de la Sangre, que, a pesar que ya consta en las primeras ordenaciones de 1536, en este momento se reorganiza tal y como llegará hasta el siglo XIX, convirtiéndose en la más importante de la Ciudad. En 1664 participan en la procesión de retorno de las reliquias de Sana Madrona y el mismo año fue agregada a la Archicofradía de San Juan Degollado, de los Caballeros Florentinos de Roma, conocida popularmente como «la Misericordia». Esta agregación fue promovida por Francesc Frigola de Llordat, señor de la baronía de Maldà, procurador de la Sangre y uno de los personajes catalanes más activos en la alta política catalana en Roma. Comportó por la Archicofradía la adquisición de las indulgencias, prerrogativas y privilegios asociados a la Archicofradía romana, entre ellas la de pedir el indulto de un condenado a muerte, privilegio que la Sangre ejerció varias veces durante su historia. Una de las devociones más arraigadas del Santo Cristo de la Sangre era la prevención del mal tiempo y las rogativas de lluvia, en este sentido son numerosas las ocasiones donde el Santo Cristo es llevado en procesión tanto para pedir la lluvia como para calmar tormentas desde el baluarte de levante de la muralla de mar. Una ocasión que tuvo cierto relieve fue en 1670 cuando se hizo una procesión desde la Catedral para obtener lluvias. Se cuenta que al salir de la Sede el Santo Cristo de la Sangre, se puso a llover con tanta intensidad que los canónigos decidieron suspender la procesión. Entre julio del mismo año 1670 y junio del siguiente, el escultor Joan Gra recibió los pagos para realizar el retablo de la Sangre y la magnífica decoración de la capilla que fue destruida en 1936. Otra efeméride curiosa fue en 1709 cuando el emperador Carlos de Austria y su familia asistieron a la Procesión de Jueves Santo del Pi, dando limosna de seis dobles. La historia de la Cofradía tuvo un primer obstáculo en 1770 cuando el rey Carlos III decretó la normativa de procesiones de Semana Santa y limitó su actuación, sin embargo, la Sangre siguió recogiendo limosnas con licencia episcopal y en 1776 retomaron la actividad piadosa de las procesiones hasta 1808, cuando se suspendieron por la invasión napoleónica, aunque la actividad de la cofradía se mantuvo. Devuelto Fernando VII, a finales de la década de 1820, se hizo la primera procesión autorizada por el mismo rey, el cual dio a la Archicofradía el título de Real. La actividad se fue manteniendo hasta la guerra Civil, cuando los incontrolados quemaron el archivo situado en la Casa de la Sangre de la plaza del Pi y los cofrades se dispersaron. Perdidos el mobiliario, el archivo y el tesoro, entre cuyas piezas se encontraba la magnífica custodia que la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick, esposa del emperador Carlos de Austria, regaló durante su estancia en Barcelona con motivo de la Guerra de Sucesión. La casa fue incautada y entregada a un departamento de la CNT. Al finalizar la Guerra, los prohombres que sobrevivieron solicitaron la entrega del inmueble a la Falange, organización que lo ocupaba desde el final de la guerra, y tomando posesión del edificio y retomaron la actividad de la cofradia. Durante la posguerra la Archicofradía se mantuvo bastante activa pero con los criterios del nacionalcatolicismo propiciados por el régimen sensiblemente alejados del carisma y tradición propias. A partir de la década de los años 70 del siglo XX la Archicofradía redujo la actividad pública en la calle y se centró en los actos de Semana Santa dentro de la Basílica, manteniendo exclusivamente los Vía Crucis del Domingo de Ramos y los actos litúrgicos del Viernes Santo. Sin embargo, con penas y trabajos, la actividad de la Archicofradía a continuado hasta la actualidad. A partir del año 2017 la actividad de la Archicofradía se ha recuperado iniciando una nueva época, con estatutos renovados y nuevos cofrades que han rejuvenecido la institución. Gracias a este nuevo impulso se ha recuperado la actividad asistencial y el culto a las imágenes titulares: la Devotissima Imatge del Sant Crist de la Sang y la Mare de Déu dels Dolors de la Sang imagen del siglo XVIII, salvada de la destrucción de 1936, y que ahora nuevamente acompaña al Cristo en su retablo. Este año 2022, después de más de 50 años de ausencia, las dos imágenes han posesionado por el Barrio Gótico de Barcelona con gran aceptación de devotos y público, recuperando así para la ciudad el ritual propio catalán de un Via Crucis que se remonta a 1601. 2 – Asistencia a los condenados En 1598 la Santa Inquisición pidió a la Cofradía que les dejaran el Santo Cristo Grande para acompañar a los condenados, petición a la que los cofrades accedieron de buen grado, pidiendo ellos, sin embargo, que se hiciera con la solemnidad que le correspondía. Es esta quizá la razón inicial de la tradición de acompañar a los condenados a muerte con el Santo Cristo Grande que la Cofradía de la Sangre ejerció durante siglos. El Pi recibió a mediados del siglo XVII una serie de licencias para retirar los cadáveres de los lugares públicos de los ajusticiamientos. En las primeras ordenaciones que se conservan en el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona ya se menciona, en el primer cuarto del siglo XVI, la compra de tres camisas con sus pantalones, blancos, para vestir a los condenados, medida ésta orientada a evitar que los asistentes a las ejecuciones se burlaran de los reos desnudos en las horcas. En el mismo documento se habla también de sacar al Santo Cristo mediano para las ejecuciones. La Venerable Imagen del Santo Cristo de la Sangre, de Jeroni Xanxo, estaba situada en el camarín del retablo de la Capilla, de donde se sacaba, cubierta con un velo negro para acompañar a los condenados. La imagen fue quemada en el incendio que sufrió la basílica en 1936. Sin embargo, en 1940 se hizo otra imagen para poner en su sitio, y que sustituye a la malograda figura. La imagen de Xanxo sigue viva en el imaginario de los barceloneses –y de los catalanes– puesto que, como se ha comentado, las ejecuciones simples se acompañaban del cristo mediano, o el Sant Cristo Xic; y cuando excepcionalmente se ejecutaban, como mínimo, 3 reos, se sacaba el grande: es por eso que la voz popular habla de sacar al Sant Cristo Gros, cuando algo es excepcional y único. La imagen no sólo salía por estas tenebrosas, aunque populares, estampas. El Santo Cristo de la Sangre era el encargado de recibir a los reyes y reinas cuando entraban en Barcelona –que tampoco pasaba todos los días– y, como se ha dicho, de preservar del mal tiempo y hacer rogativas por la lluvia. 3 – Semana Santa En las ordenaciones conservadas del año 1536 ya se menciona una procesión de disciplinantes que seguramente ya se hacía desde los primeros años del siglo XVI. En 1576 tenemos una primera noticia de un misterio procesional correspondiente al paso de la Flagelación, lo que indicaría que la Sangre fue una de las primeras procesiones con misterios procesionales de ámbito hispánico. A partir de finales del siglo XVI y durante todo los siglos XVII y XVIII se fueron construyendo los diferentes misterios procesionales, algunos realizados por artistas escultores de renombre como Agustí Pujol, Ramon Amadeu y Damià Campeny, autor que realizó el último misterio incorporado, el de la Deposición de Jesús en el Sepulcro, encargado por el Gremio de los Revendedores en 1817 y conservado actualmente en el Pi en cesión del Museo de Arte de Cataluña. Durante todo el siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX la Procesión se convirtió en uno de los actos centrales de la Semana Santa barcelonesa y, al igual que lo fue la del Corpus Christi, una gran ocasión para “ver y dejarse ver” Según nos dice Joan Amades en su Costumari, revestía un carácter muy popular, acudiendo a verla gente de toda Barcelona y de los pueblos de los entornos, lo que provocaba grandes aglomeraciones y algún altercado, de ahí dicho popular: “ En la procesión de la Sangre hay más misterios de los que van” refiriéndose a los empujones y robos propios de una gran aglomeración. Este carácter social hizo que se fuera creando un considerable conjunto de literatura en su entorno, la mayoría dirigida al consumo de las clases populares como els Fulls de Rengle, unas hojas de papel con la composición de la procesión gravada en líneas que se recortaban para obtener en una sola tira la totalidad de la procesión, vendidas por vendedores en la calle, tradición que se mantuvo hasta finales del siglo XIX. La procesión entró en decadencia durante la primera mitad del siglo XIX, recibiendo el tiro de gracia con la abolición del sistema gremial que dejaba la procesión sin efectivos para llevarla a cabo. Sin embargo, con penas y trabajos se mantuvo hasta 1900. La gran mayoría de los misterios, propiedad de los gremios, desaparecieron, abandonados, o destruidos manteniéndose hasta el día de hoy el de los Revendedores antes mencionado y el de la Santa Espina, propiedad del Colegio del Arte Mayor de la Seda, realizado a finales del siglo XVIII. Desde ese momento hasta hoy se ha mantenido el Solemnísimo Via Crucis, el cual incorpora algunos de los elementos más característicos de la antigua procesión. 4 – Capilla y Patrimonio Originalmente este espacio se concibió como sala capitular parroquial, única en su género en Barcelona. Se encomendó la construcción a Bartomeu Mas, maestro de obras de la iglesia, que trabajó entre los años 1468 y 1486, abordando también la reforma de la rectoría y el vaciado de la capilla de Sant Rafael y Sant Martí para habilitarla ne el acceso. Está concebido como una pequeña iglesia anexa a la esquina meridional del templo: de nave única, ábside poligonal y cubierta con tres tramos de bóveda de crucería. En origen, y así debemos imaginar que estaba en el siglo XVI, el espacio se iluminaba a través de tres grandes ventanales abiertos en las paredes meridional y occidental. Exteriormente el único elemento decorativo visible es el guardapolvo del ventanal grande, en la fachada de poniente. Es de estilo flamígero y se representan ángeles sosteniendo filacterias y uno central que sostiene el escudo del Pi. Por otro lado vale la pena detenerse en los cuatro capiteles de la puerta de acceso, decorados con animales, reales y fantásticos de muy buena calidad. En un primer momento el Capítulo estaba presidido por un retablo dedicado a Santa Eulalia y San Severo, y un Santo Cristo donado por el Infante Don Enrique de Aragón a mediados del siglo XV. En 1508 se traslada el retablo viejo del Altar Mayor, que se desmontó durante la construcción del nuevo. Meses antes el sacristán del Pi, Pere Joan Matoses, legó su extensa biblioteca en la iglesia, a condición de que se colocara en el Capítulo y pudiera ser consultada por todos, creando así la segunda biblioteca pública de Barcelona. En 1547, se establece la Archicofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de Barcelona que a partir de entonces se conocerá como «capilla de la Sangre». Un siglo después se realizó la nueva decoración, obra del escultor Joan Gra. Consistía en un gran y suntuoso retablo barroco, que ocupaba la cabecera de la capilla, con un camarín en el que se veneraba al Santo Cristo y la imagen de la Virgen de los Dolores a sus pies. En los laterales del retablo, llenando las paredes de la capilla, había once grandes pinturas con escenas de la Pasión de Cristo, enmarcadas en una magnífica decoración de madera. La capilla de la Sangre fue el lugar predilecto de San José Oriol para oír confesión y recibir a los enfermos que venían a curarse. Entre sus paredes se produjeron muchas de las curaciones y milagros que realizó durante su vida. En 1706, en pleno asedio de la Guerra de Sucesión una bala de cañón impactó en la capilla, lo que hizo saltar la cabeza de la imagen del Santo Cristo. En 1709, la Archicofradía pagó la restauración de la capilla y el techo, que quedó afectado por el impacto y pocos años más tarde, se resolvió pintar la procesión del viático de 1709, con el emperador y la emperatriz, momento en que la Cofradía recibió el regalo de la custodia. En 1764 se construyó el edificio del Archivo sobre la azotea de la capilla. Ésta fue la última gran modificación antes de la quema de la iglesia durante la Guerra Civil. El resultado de este incendio provocado fue la destrucción completa del retablo y la decoración de 1670, la pérdida del Santo Cristo de Xanxo y de una virgen de los dolores moderna que había substituido la original del siglo XVIII. El incendio fue de tal magnitud que incluso se derrumbó la bóveda gótica. Después de la guerra la Capilla de la Sangre fue reconstruida, se bendijo una nueva imagen del Santo Cristo y se hizo un nuevo retablo reproducción del perdido. Éste es el estado actual.

CULTO EXTERNO
 

 Via Crucis de la Sang
            | Jueves Santo


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