Fiesta por antonomasia de la ciudad que revive colectivamente la historia de la Pasión gracias a la presencia en sus calles y plazas de imágenes de honda devoción y de artísticos pasos.
Ya desde la Edad Media existieron cofradías en la ciudad, aunque la mayoría de las hermandades vivían su religiosidad en las capillas. En el siglo XVI se produce un auge de las Cofradías y Hermandades penitenciales, el número de estas aumento tras el Concilio de Trento, llegando a casi 40 Cofradías al final del siglo.
En sus comienzos, las cofradías sevillanas hacían su estación de penitencia a iglesias o conventos cercanos a su templo. Será en el Sínodo de 1604, donde el Cardenal Fernando Niño de Guevara estableció algunas normas que forman el germen de la actual Semana Santa de Sevilla: las cofradías quedaban obligadas a realizar la estación de penitencia a la catedral y las de Triana debían realizarlo a la iglesia de Santa Ana, debían vestir túnicas sencillas de lienzo basto y se prohibía a las mujeres disciplinarse. Con estas decisiones se estableció una carrera oficial y unos horarios para discurrir por ella. También disparó los signos externos del cortejo y la riqueza material de este y el encargo de imágenes a reputados imagineros hasta llegar al siglo XVII que será donde se consolide la Cofradía barroca estableciendo un procesionar más parecido al actual.
Al final del siglo XVIII las Cofradías sufrirán el ataque de los gobiernos ilustrados y ya en el siglo XIX la Semana Santa hispalense debió afrontar varios altibajos. Por un lado, se produjo la invasión francesa de 1808 a 1810. Por otro lado, la Desamortización de Mendizábal de 1835 supuso la pérdida o dispersión de muchos bienes eclesiásticos que estaban en los monasterios.
En 1849 se instala en la ciudad la "corte chica" de María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de la reina Isabel II, y de su esposo, el duque de Montpensier Antonio de Orleans, favoreciendo la celebración de la Semana Santa a mediados de siglo, impulsando y perteneciendo a varias hermandades como la de Montserrat o la Lanzada.
A mediados del siglo XIX las procesiones comienzan a recuperarse. A instancias del Ayuntamiento y del duque de Montpensier se celebra en 1850 una gran procesión con la participación de diversos pasos y cofradías: el Santo Entierro Grande.
Ya a finales del siglo XIX, en el periodo de la restauración borbónica, las cofradías resurgen en número y esplendor y se empieza a considerarlas un atractivo turístico para la ciudad y su economía. En la primera mitad del siglo XX la Semana Santa conoció una segunda etapa de esplendor gracias a la creatividad de una generación de dibujantes, artesanos, poetas y músicos que pusieron su talento al servicio de las cofradías, consiguiendo reinterpretar la tradición barroca a la luz de las vanguardias artísticas. Destacó la figura del gran diseñador Juan Manuel Rodríguez Ojeda que concibió el paso de palio, túnicas de capa, insignias y ropa de la centuria romana de la Hermandad de la Macarena que sirvió de modelo para otras muchas cofradías populares.
Así se mantendrán hasta la II República donde se experimentó una fase de enfrentamiento social y político que perjudicó la celebración de la Semana Santa.
Después de la Guerra Civil, se produce un auge de la celebración, con el apoyo de las instituciones, y tras una breve crisis tras el Concilio Vaticano II y el auge económico de la sociedad de los años 60-70, se vuelve a producir un nuevo auge a finales del siglo XX, que aún se mantiene en los comienzos del siglo XXI.
La iconografía de la Semana Santa de Sevilla es abundante: Nazarenos, Crucificados, Dolorosas y pasos de misterio salen a las calles de la ciudad durante toda la semana.
Las imágenes y misterios procesionales de fama internacional son considerados obras cumbres de la iconografía barroca: el Señor del Gran Poder; de Juan de Mesa, el Cristo de la Expiración de Ruiz Gijón conocido popularmente como El Cachorro; la Virgen de la Esperanza obra anónima que lleva el nombre de su barrio, el histórico arrabal de la Macarena, Jesús de la Pasión de Juan Montañés así como sus principales pasos de misterio, retablos itinerantes de no menor calidad artística de la Exaltación (Santa Catalina), el Descendimiento (Quinta Angustia), las Tres Necesidades (Carretería) o la Mortaja son solo alguno de sus ejemplos.
El Paso es un conjunto formado por una plataforma sobre la que hay imágenes evangélicas. La plataforma es sostenida por unas andas. Cuando la Virgen va sola o en compañía del apóstol Juan el paso va cubierto con un palio y se conoce como paso de palio o paso de Virgen. Cuando hay varias figuras sin palio y cuando se porta a Jesús sin crucificar se conoce como Paso de Misterio. Al Señor se le suele llamar Cristo cuando se le presenta desde la crucifixión hasta el entierro y al paso donde procesiona un crucificado se le llama paso de Cristo. Cuando en el paso de misterio va Jesús con la cruz al hombro la figura recibe el apodo de Nazareno.
Lo habitual es llevar dos pasos: uno centrado en el Señor y otro con la Virgen bajo palio.
El paso consta de una parihuela cubierta con unos faldones de terciopelo. Sobre la parihuela se sitúa una peana construida en madera noble, denominada canastilla que suele estar tallada en estilo barroco, aunque se pueden encontrar también algunas en estilo neogótico, renacentista o romántico. Sobre la canastilla se encuentran las flores, la iluminación formada por candelabros, hachones o faroles y por último las imágenes.
El llamador o martillo es un aldabón de metal con el que se llama a los costaleros. Se ubica en la parte frontal del paso y suele presentar motivos religiosos relacionados con la hermandad.
Los pasos son llevados por los costaleros, que es el nombre que reciben, cada una de las personas encargadas de llevar sobre sí o cargar una de las imágenes o pasos que forman parte de los cortejos procesionales durante la Semana Santa. Los costaleros cargan el peso sobre su cuello, sobre la séptima vértebra cervical, protegen esta zona con una tela llamada costal que suele ser de arpillera. Las zonas adaptadas para que los costaleros carguen el peso son las trabajaderas. Desde los años 70 del siglo XX las cuadrillas de costaleros se forman por propios hermanos de las congregaciones.
Las procesiones recorren lo que se denomina la carrera oficial que es el itinerario común que deben seguir todas las hermandades en su trayecto hacia la Catedral. Marcada oficialmente por el Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, comienza en la plaza de la Campana, continúa por la calle Sierpes, sigue por la plaza de San Francisco y por la avenida de la Constitución y termina en la catedral, a la que acceden por la denominada puerta de San Miguel y que abandonan por la puerta de Palos. Al inicio de la carrera oficial, en la Campana, se sitúa el palquillo del consejo, presidido por su presidente, y en el que las hermandades solicitan la venia para realizar su recorrido. La Hermandad del Silencio es la única que pide la venia por escrito. El orden teórico establecido de paso de las cofradías por la carrera oficial es el inverso a su antigüedad, excepto en la Madrugada en que el sentido es al contrario, aunque razones de organización y de horario alteran este orden en distintos casos.
Las procesiones de la Semana Santa se abren con la Cruz de guía, que suele ir acompañada de una pareja de nazarenos con faroles. Tras la Cruz de Guía comienza el cortejo de nazarenos, que portan cirios o cruces como penitencia. Los tramos de nazarenos van intercalados por un conjunto de insignias. Las insignias más habituales son: el Senatus, en memoria del ejército romano que custodiaba a Cristo; las banderas que acompañan a cada paso, que suelen tener colores pasionarios o marianos; el Sinpecado, en defensa del dogma de la inmaculada concepción; el Libro de reglas; y el Estandarte llamado popularmente “Bacalao” por la forma que adquiere. El cortejo de nazarenos suele finalizar con las bocinas que anunciaban el paso, con la presidencia y, tras esta, los acólitos y los pasos.
Muchos de estos elementos pertenecen al imaginario colectivo sobre las procesiones llegando a expandirse por el panorama nacional de tal manera que es muy difícil encontrar una celebración donde no exista alguno de estos elementos típicamente sevillanos.
Javier Velázquez López
Fiesta por antonomasia de la ciudad que revive colectivamente la historia de la Pasión gracias a la presencia en sus calles y plazas de imágenes de honda devoción y de artísticos pasos. Ya desde la Edad Media existieron cofradías en la ciudad, aunque la mayoría de las hermandades vivían su religiosidad en las capillas. En el siglo XVI se produce un auge de las Cofradías y Hermandades peni ...
Marchas dedicadas 8
PARA TI, SEVILLA (Francisco Javier Torres Simón)
PROCESIÓN DE SEMANA SANTA EN SEVILLA (Pascual Marquina Narro, 1922)
LA SEMANA MAYOR (Manuel López Farfán, 1935)
SENTIR SEVILLA (Manuel Herrera Raya, 2001)
AROMAS DE AZAHAR (Francisco Moraza Cienfuegos, 2006)
A MI SEVILLA COFRADIERA (Antonio Manuel Baquero Ramírez, 2010)
VERBUM DEI (Daniel Albarrán Acosta, 2017)
AL CIELO DE SEVILLA (José Antonio Illesca López, 2022)
1937 | Federico García Sanchís
1939 | Federico García Sanchís
1940 | Federico García Sanchís
1942 | José María Pemán y Pemartín
1943 | Luis Ortiz Muñoz
1944 | Joaquín Romero Murube
1945 | Francisco Sánchez Castañer
1946 | Luis Morales Oliver
1947 | Esteban Bilbao Eguia
1948 | Miguel García Bravo-Ferrer
1949 | Antonio Filpo Rojas
1950 | Manuel Gordillo García
1951 | Ignacio María de Lojendio e Irure
1952 | José María del Rey Caballero
1953 | José Luis de la Rosa Domínguez
1954 | Miguel García Posadas
1955 | Celestino Fernández Ortiz
1956 | Antonio Pedro Rodríguez Buzón Pineda
1957 | Antonio Pérez Torres
1958 | José L. Campuzano Zamalloa
1959 | Francisco Montero Galvache
1960 | Adolfo Rodríguez-Jurado y de la Hera
1961 | Francisco Sánchez-Apellaniz Valderrama
1962 | Sebastián García Díaz
1963 | Juan Moya García
1964 | José Martínez-Agulló
1965 | José María Cirarda Lachiondo
1966 | José María García Bravo-Ferrer
1967 | José Ignacio Artillo González
1968 | Juan Delgado Alba
1969 | Domingo Manfredi Cano
1970 | José Sánchez Dubé
1971 | Antonio Hermosilla Molina
1972 | Ramón Martín Cartaya
1973 | José Ortiz Díaz
1974 | Ricardo Mena-Bernal Romero
1975 | Rafael Duque del Castillo
1976 | José Luis Gómez de la Torre
1977 | Rafael Belmonte García
1978 | Antonio Soto Cartaya
1979 | Manuel Toro Martínez
1980 | Miguel Muruve Pérez
1981 | Alfredo Flores Pérez
1982 | José Joaquín Gómez González
1983 | Enrique Osborne Isasi
1984 | Vicente Acosta Domínguez
1985 | José Luis Peinado Merchante
1986 | Francisco Morales Padrón
1987 | Manuel Navarro Palacios
1988 | Luis Rodríguez-Caso Dosal
1989 | Juan Moya Sanabria
1990 | José Luis Garrido García Bustamante
1991 | José María Rubio Rubio
1992 | Antonio Moreno Andrade
1993 | José María Javierre Ortas
1994 | Vicente García Caviedes
1995 | Juan Foronda Blasco
1996 | Carlos Colón Perales
1997 | Ignacio Montaño Jiménez
1998 | Juan Carlos Heras Sánchez
1999 | Eduardo del Rey Tirado
2000 | Joaquín Caro Romero
2001 | Carlos Herrera Crusset
2002 | Francisco J. Ruiz Torrent
2003 | Francisco José Vázquez Perea
2004 | Rafael de Gabriel García
2005 | Antonio Murciano González
2006 | Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp
2007 | Enrique Esquivias de la Cruz
2008 | Antonio Burgos Belinchón
2009 | Enrique Henares Ortega
2010 | Antonio García Barbeito
2011 | Fernando María Cano-Romero Méndez
2012 | Ignacio José Pérez Franco
2013 | Francisco Javier Segura Márquez
2014 | Francisco Berjano Arenado
2015 | Lutgardo García Díaz
2016 | Rafael González-Serna Bono
2017 | Alberto García Reyes
2018 | José Ignacio del Rey Tirado
2019 | Rosario Padilla Hoyuela
2022 | Julio Cuesta Domínguez
2023 | Enrique Casellas Rodríguez
2024 | Juan Miguel Vega Leal
2025 | José Joaquín León Morgado
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